Comunicación, Social Media

¿Estámos enganchados a los móviles? ¿Podríamos vivir sin ellos?

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Con la llegada de los teléfonos móviles, allá por el final de la década de los 90, nuestra forma de comunicarnos empezó a cambiar. Posteriormente, en la primera década del año 2000, llegaron los smartphones y ahí sí que cambió no solo nuestra forma de comunicarnos sino nuestra forma de vivir en líneas generales. El lanzamiento del primer iPhone por parte de Apple, fue el punto de partida de una revolución comunicativa en toda regla.

A partir de ese momento la evolución del sector de las comunicaciones, de los smartphones, la aparición y auge de las redes sociales, etc… nos llevan al momento en el que vivimos y a hacernos unas preguntas:

¿Estámos enganchados a los móviles?¿Podríamos vivir sin ellos?

Quien más y quien me nos dirá que sí, que sería capaz de vivir sin ellos pero…¿cuántas veces te has dejado el móvil en casa y has vuelto a por él a pesar de que te hiciera llegar tarde o estuvieras ya a unos cuantos kilómetros de casa?

Actualmente usamos los móviles para casi todo: redes sociales, búsqueda de información en San Google, fotografías, jugar, compartir, audios, mensajería instantánea mediante WhatsApp (¿alguien manda alguna vez un SMS?), reservar viajes, consultar opiniones y un larguísimo etcétera…

¿Cuántas veces hemos visto la escena de una mesa en un restaurante en el que los comensales están con el móvil en la mano sin hablarse ni mirarse durante unos cuantos minutos? (Esto es aplicable a mesas de parejas o grupos de mucha gente)

¿Cuántos móviles sois capaces de contar cuando viajáis en un vagón de metro?

Antes, cuando ibas al baño, en muchos lugares, había revisteros…en la actualidad son muchísimos menos. ¿Cuál es el motivo? Sencilla respuesta, al baño ahora se va con el móvil. En vez de revisteros, dentro de poco habrá cargadores.

Ahora que estamos en verano, si dais un paseo por la playa al anochecer…¿Cuántas pantallas pensáis que veréis encendidas iluminando las caras de sus propietarios? Yo lo hice hace unos días y el resultado es sorprendente, estamos sin duda ante el que denomino como ‘Síndrome de la cara iluminada’.

Los tiempos han cambiado y mucho, hace poco por las redes sociales me llegó esta imagen, para mí es desoladora…nuestra infancia fue tan distinta a esta en la que los padres con tal de no escuchar a los hijos, les dan móviles o tablets. Juzgad vosotros mismos este claro ejemplo de ‘Síndrome de la cara iluminada’:

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Síndrome de la cara iluminada: Efecto que produce el brillo de la pantalla de un móvil sobre la cara del propietario al usar el mismo por la noche

Hablemos ahora del denominado “Síndrome de batería baja”. Que levante la mano quién no lo ha sufrido alguna vez, quien no ha buscado un cargador desesperadamente… Cuando aparece el color rojo en el indicador de la batería de nuestro móvil, comienza la búsqueda de carga como sea:

1.- Desactivamos los datos del móvil o lo ponemos en modo avión.
2.- Pedimos un cargador a conocidos e incluso a quienes no conocemos.
3.- Somos capaces de entrar a un establecimiento y consumir solo para cargar el móvil.
4.- El uso de baterías externas o cargadores portátiles de todas las formas y colores que han proliferado una barbaridad y hay personas que tienen 2, 3 e incluso más. Antes muerto que sin batería. 😉
5.- En casos extremos, llevar otro móvil por si acaso.

Dejando los síndromes, que no son poca cosa, entraremos en otro terreno algo más pantanoso: el uso del móvil en el trabajo.

Creo que podemos decir sin equivocarnos que prácticamente la totalidad de personas que tienen un smartphone, lo utiliza, en mayor o menor medida, en su trabajo. Actualmente en la mayoría de centros de trabajo hay redes wifi y, en el caso de no haberlo, las tarifas de datos que existen en el mercado permiten el acceso a internet sin problemas.

El problema viene cuando se realiza un uso abusivo del móvil en el puesto de trabajo. Creo que todos hemos visto alguna vez a personas que estaban en horario laboral con el móvil en la mano. Esta situación está llevando a que empresas e instituciones públicas empiecen a incluir en sus reglamento de régimen interno la prohibición del uso de móviles en el puesto de trabajo.

Por todo lo anterior, síndromes y uso en el ámbito laboral, creo que se puede decir que en la actualidad la adicción o dependencia de los móviles se da en un amplio sector de la población, sobre todo en los más jóvenes. No hay mejor ejemplo que el de decirle a un adolescente que le vas a quitar el móvil, veréis la reacción que se produce…

La cantidad de veces que revisan sus móviles en busca de nuevas notificaciones, nuevos likes en sus fotografías de Instagram, chats de WhatsApp…es brutal, he llegado a observar a jóvenes que lo miran cada dos minutos e incluso menos tiempo. Jóvenes que son capaces de pasar gran parte de la noche con el teléfono en la mano chateando o navegando por sus redes sociales, un fenómeno conocido como ‘Vamping’.

Un dato revelador revelador lo aporta un estudio realizado por investigadores de la ONG Common Sense Media, con la participación de más de 1.200 adolescentes, entre los 12 y los 18 años, y sus padres. 

El 50% de los adolescentes se consideraba adicto al móvil, una cifra que los padres elevaron al 60%

Para finalizar, y viendo todo lo expuesto, creo que vivimos en una época en la que es complicado vivir separado de los móviles, sobre todo para los más jóvenes, y que, aunque cueste reconocerlo e incluso no se haga, estamos enganchados a esos móviles que llegaron hace más de una década y que cambiaron nuestra forma de vivir y relacionarnos para siempre.

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